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Gente con Speed

ABDUCIDOS!!!

ABDUCIDOS!!!

La verdad, si nosotros no hubiésemos sido testigos directos de esta historia dudaríamos de su veracidad, así que no nos ofenderíamos si alguno de ustedes piensa que se nos voló el techo. Pero como fieles relatores de nuestra historia y la del mundo, no nos queda otra que someternos a su juicio a través de estas palabras.

Todo comenzó ayer a la tardecita. Volvíamos de jugar al Flipper en el centro. El Sordo estaba contento porque había logrado dar vuelta el de Terminator 2. El Polaco nos había prestado la Chata, la ruta estaba tranquila y ya iban cayendo las primeras sombras.
Dado que la camioneta no sobrepasa los 60, no nos sorprendió que, nuevamente, nos hicieran luces. Claro que éste se había zarpado porque, realmente, nos encandiló y no podíamos ver nada, así que el Tecla, que manejaba, se tiró a la banquina para dejar pasar al seguramente camionero que molestaba tanto.
El tema es que, aún así, las luces se hacían cada vez más potentes. Estábamos rodeados por claridad. En eso, el Enano, tembloroso, nos dice: “Chicos, miren eso”, mientras señalaba con el dedo hacia arriba. Era una especie de platillo volador que nos sobrevolaba enfocando hacia nosotros un potente reflector. El mundo era como que se había detenido. Una vaca inmovilizada zambullía su hocico en el pasto. El viento no soplaba. Las hojas de los árboles estaban suspendidas en el aire… Estábamos ante la increíble presencia de la prueba viviente de seres inteligentes de otros mundos. Un sopor nos inundó. Nos desvanecimos.

Al recuperar la conciencia nos encontrábamos en una sala típica de las películas de extraterrestres de los 60. Mucha luz, mucha perilla, mucho metal. Estábamos inmovilizados, pero nada nos sujetaba. Nos miramos por segundos, en silencio, hasta que una especie de puerta se abrió y aparecieron por ella los alienígenas.
Grande fue nuestro asombro al ver que eran mujeres. Descomunales mujeres, unas 7 u 8. En realidad, sino fuera por 3 diferencias, pasarían perfectamente por secretarías de Sofovich. En primer lugar, como dijimos, se trataba de seres inteligentes, en 2º, tenían un leve color verdoso y, por último, desde el huesito dulce les salía una especie de rabo del tamaño de una lata de Speed. Sacando eso, figuras impresionantes, bustos como el de nuestra pic de hoy…, en síntesis: minones.

El Enano estaba sacadísimo. Ya pensaba en la partuza que se avecinaba. Encima había una que parecía que le tiraba onda. Pero todo era como telepático, dado que no hablaban. Con los pocos movimientos que podía realizar, el Enano se llevó la mano al bolsillo y sacó un paquete de preservativos que había comprado hace como 2 años. Todavía le quedaban 2, dado que, haciendo una joda, había usado uno para hacer el típico globito. Con lenguaje de señas le explico a la marciana para qué servían, como se usaban y que, sí o sí, siempre capuchita. La mina los agarró y ahí, caímos en la cuenta. El rabo no era rabo, era una especie de pene. Se calzó el preservativo, agarró al Enano y, mientras inesperadamente comenzó a sonar el último disco de Chayanne, comenzó con su ritual amatorio.
El Enano gritaba desesperado, suplicaba, pedía por favor que apaguen la música…, y ahí nos invadió nuevamente el sopor. Aparecimos en la camioneta. El Tecla la puso en marcha, el Sordo se sentó al lado y el Enano se acostó atrás.
Pusimos la camioneta en marcha y, kilómetros adelante, paramos en un kioskito a comprar Manzán.

1 comentario

Morocha -

A mierda!!!, dejen de drogarse... jajaja