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Gente con Speed

cosas que pasan

ENCOGIDO

ENCOGIDO Ortega y Gasset decía en su libro “Historia como Sistema” que los cambios generacionales completos se producen cada, aproximadamente, 7 años. Esto significa que, si una persona nació en 1970 y otra en 1978, las mismas pertenecen a generaciones diferentes, pero no solo por una cuestión numérica, sino que, yendo más allá, hay que hablar de maneras de pensar, de comprender, de entender el mundo que los rodea.
Esto viene a colación de que, si bien muchas generaciones se esfuerzan por tratar de comprender a otras, en el fondo, existe una barrara que las limita.
Todo esto empezó cuando el Polaco, el abuelo del Sordo, filósofo contemporáneo (le encanta que pongamos eso) llegó desesperado a casa y, viéndonos sin ver nos dijo: “Chicos, necesito una gauchada, es un caso de vida o muerte.” Jamás le podríamos decir que no en algo al Polaco, así que nuestra respuesta fue: “Pará, pará un cachito que la Salazar va a bailar Chamamé”.
Nunca habíamos escuchado putear al Polaco.
No sabemos si fue por la puteada o porque la Luly estaba más tapada que el baño del fondo, dirigimos nuestra atención al Polaco y lo escuchamos. Ahí nos explicó que una amiga del Centro (de jubilados, pero no le gusta llamarlo así, así que simplemente le dice Centro) estaba internada peligrando su vida.
Resulta que la vieja estaba cansada y el Centro organizaba un baile. Como le dolía la cadera y parece ser que quería impresionar al Polaco con sus dotes de bailarina (y si todo venía bien, movérselo) y haciéndole caso a un sobrinito que le dijo: “Tía, cualquier cosa si estás cansada, te clavás una Speed”, la vieja en el medio del baile, agarró y “literalmente” se la clavó de una, la tomo con lata y todo y se la mandó. Resultado: ambulancia del Pami, internación de la vieja.
“Todo muy lindo Polaco, pero que querés que hagamos nosotrosª.
“Ustedes, no. Vos” dijo, señalando al Enano
Resulta que existe un nuevo proceso médico por el cual se miniaturiza a un cirujano introduciéndolo dentro del cuerpo del paciente para que opere desde adentro en casos complicados como éste, donde acceder al objeto puede resultar fatal si se hace por métodos tradicionales.
“Ok, Polaco. Pero yo menos cirujano que Olmedo y Porcel en Expertos en Pinchazos”.
A lo que el Polaco retrucó: “Ya lo se, pelotudo. Pero a vos es más rápido minimizarte y conocés lo que es Speed. Simplemente tenés que llegar a la lata y tomártela. Así se va a poder extraer luego sin miedo a que explote dentro del cuerpo de mi amiga”
Si bien era todo muy raro, si el Polaco pedía algo no le podíamos decir que no. Fuimos al Hospital, el Enano fue encogido, lo metieron en la vieja, se tomó la Speed y le salvó la vida. Las fotos de hoy lo atestiguan (bien Polaco, está buena la vejeta).
El tema es que luego de eso, y una vez vuelto a la normalidad el Enano (si se puede llamar normal su altura) el tipo estuvo INSOPORTABLE. No había forma de hacerle entender que eso no contaba en nuestra apuesta de 6 meses atrás cuando nos dijimos:
“El primero que está dentro de una mina, acostada, y se la manda entera, se lleva de recuerdo el álbum completo de figuritas de Mazinger Z”.
Igualmente se lo dimos por la buena acción.

Yendo a otro tema: ¿Alguien vio si se le vio algo a la Salazar bailando chamamé?

Salud

ESA MALDITA PREGUNTA

ESA MALDITA PREGUNTA

Existe una frase fatídica. Que cuando se la cita es proclive a provocar las más siniestras catástrofes. En los momentos menos propicios se la suele acuñar y, a pesar de tratarse de un ruego, de una súplica, su sola pronunciación trae aparejada las más inesperadas consecuencias.
Hay momentos que por sí solos son malos, desastrosos, pero no contentos con eso solemos preguntar, generalmente con los brazos en cruz y dirigiendo la mirada al cielo: ¿Qué más puede pasar? Y por regla de causalidad, algo pasa.
Cuando los militares estaban en el poder, aplicando todas las violaciones a los derechos humanos por imaginar, alguien se preguntó ¿Qué más puede pasar? Y nos llevaron a una guerra.
Cuando Bielsa estaba en la selección, practicando el fútbol ese que a él solo le gusta, todos nos preguntamos ¿Qué más puede pasar? Y ahí nomás convocó a Cruz.
Cuando Tinelli nos tenía las bolas llenas con Cantando por un Sueño, atentando todos los días contra el arte, la pregunta generalizada fue: ¿Qué más puede pasar? Y empezó Bailando por un Sueño (o la tragedia fue al revés, primero Bailando y después Cantando, no recordamos, gracias a Dios).
Ejemplos hay innumerables. Tanto en la vida pública como privada. A todos nos ha pasado (por lo menos es nuestra teoría). Cualquiera puede, seguramente, aportar una experiencia al respecto.
Nosotros íbamos caminando ayer por la calle. Veníamos de una de esas citas a las que las mujeres nos tienen acostumbrados (o sea, nuevamente nos habían dejado plantados). Y la secuencia de los hechos que se desencadenaron fue digna de Stephen King: En primer lugar se nos quedó la camioneta, tuvimos que empujarla (tuvimos no, el Sordo y el Tecla, el Enano cantó primero “yo manejo”) como 3 cuadras. Cuando al fin arrancó nos interceptó una de esas patotas que tanto suelen frecuentar la noche y, no contentos con llevarse nuestros objetos personales, se descargaron sobre nuestros esculturales cuerpos (esos tipos deben ahorrar bastante en psicólogos, canalizan bastante bien su ira). Al Tecla, desde el piso, se le ocurrió gritar: “No me peguen, soy el Tecla”. ¿Para qué? Uno en particular se encarnizó con él (parece ser que era novio de una chica que nos había enviado su pic, y estaba preso de los celos). 7 u 8 patadas más adelante, los muchachos decidieron retirarse. Cuando nos incorporamos, media hora después, vimos que encima, nos habían afanado la camioneta (la muy guacha parece que les arrancó de una). Lentamente caminamos las 27 cuadras que nos separaban de la casa del Polaco. Como siempre, tratábamos de ponerle onda. El Sordo nos decía: “Vieron, búsquenle el lado positivo. No teníamos un carajo para contar en el flog, y ahora tenemos” Lo miramos. Realmente no teníamos fuerza para pegarle.
Al llegar a 2 cuadras de lo del Polaco, se nos ocurrió parar en la YPF para comprar rolito. Para amenizar el trago que nos íbamos a preparar y para bajar la hinchazón de nuestros rostros. Cuando íbamos a pagar nos dimos cuenta que hasta nos habían llevado el canuto de la media del Enano que teníamos para cambiar el monitor. Entonces sucedió: El Tecla lo dijo mientras llegábamos al kioskito para manguearles unas Speed a Don Antonio: “¿Qué más nos puede pasar?” Don Antonio, gallego querido y respetado por nosotros nos atiende y dice: “Spí no tengu, peru traje esta otra que me han dichu que es mejor” mientras nos ofrecía unas latas que, dicen, te dan alas.

ABDUCIDOS!!!

ABDUCIDOS!!!

La verdad, si nosotros no hubiésemos sido testigos directos de esta historia dudaríamos de su veracidad, así que no nos ofenderíamos si alguno de ustedes piensa que se nos voló el techo. Pero como fieles relatores de nuestra historia y la del mundo, no nos queda otra que someternos a su juicio a través de estas palabras.

Todo comenzó ayer a la tardecita. Volvíamos de jugar al Flipper en el centro. El Sordo estaba contento porque había logrado dar vuelta el de Terminator 2. El Polaco nos había prestado la Chata, la ruta estaba tranquila y ya iban cayendo las primeras sombras.
Dado que la camioneta no sobrepasa los 60, no nos sorprendió que, nuevamente, nos hicieran luces. Claro que éste se había zarpado porque, realmente, nos encandiló y no podíamos ver nada, así que el Tecla, que manejaba, se tiró a la banquina para dejar pasar al seguramente camionero que molestaba tanto.
El tema es que, aún así, las luces se hacían cada vez más potentes. Estábamos rodeados por claridad. En eso, el Enano, tembloroso, nos dice: “Chicos, miren eso”, mientras señalaba con el dedo hacia arriba. Era una especie de platillo volador que nos sobrevolaba enfocando hacia nosotros un potente reflector. El mundo era como que se había detenido. Una vaca inmovilizada zambullía su hocico en el pasto. El viento no soplaba. Las hojas de los árboles estaban suspendidas en el aire… Estábamos ante la increíble presencia de la prueba viviente de seres inteligentes de otros mundos. Un sopor nos inundó. Nos desvanecimos.

Al recuperar la conciencia nos encontrábamos en una sala típica de las películas de extraterrestres de los 60. Mucha luz, mucha perilla, mucho metal. Estábamos inmovilizados, pero nada nos sujetaba. Nos miramos por segundos, en silencio, hasta que una especie de puerta se abrió y aparecieron por ella los alienígenas.
Grande fue nuestro asombro al ver que eran mujeres. Descomunales mujeres, unas 7 u 8. En realidad, sino fuera por 3 diferencias, pasarían perfectamente por secretarías de Sofovich. En primer lugar, como dijimos, se trataba de seres inteligentes, en 2º, tenían un leve color verdoso y, por último, desde el huesito dulce les salía una especie de rabo del tamaño de una lata de Speed. Sacando eso, figuras impresionantes, bustos como el de nuestra pic de hoy…, en síntesis: minones.

El Enano estaba sacadísimo. Ya pensaba en la partuza que se avecinaba. Encima había una que parecía que le tiraba onda. Pero todo era como telepático, dado que no hablaban. Con los pocos movimientos que podía realizar, el Enano se llevó la mano al bolsillo y sacó un paquete de preservativos que había comprado hace como 2 años. Todavía le quedaban 2, dado que, haciendo una joda, había usado uno para hacer el típico globito. Con lenguaje de señas le explico a la marciana para qué servían, como se usaban y que, sí o sí, siempre capuchita. La mina los agarró y ahí, caímos en la cuenta. El rabo no era rabo, era una especie de pene. Se calzó el preservativo, agarró al Enano y, mientras inesperadamente comenzó a sonar el último disco de Chayanne, comenzó con su ritual amatorio.
El Enano gritaba desesperado, suplicaba, pedía por favor que apaguen la música…, y ahí nos invadió nuevamente el sopor. Aparecimos en la camioneta. El Tecla la puso en marcha, el Sordo se sentó al lado y el Enano se acostó atrás.
Pusimos la camioneta en marcha y, kilómetros adelante, paramos en un kioskito a comprar Manzán.